
¡Ay, doctor! Osea, usted sí tiene que ayudarme, por
fa; usted sí tiene cara de inteligente, me tiene que creer. El otro doctor decía que yo estaba loca, que
todo lo había imaginado por no sé qué complejo de culpa. ¡Como si yo tuviese la culpa del accidente de
la Fernanda! ¡Por que todos saben que fue un accidente!
...¿No sabía lo del accidente?...
Déjeme que le cuente. Teníamos yo diez y
ella cinco. Yo había agarrado la muñeca
favorita de Fernanda y estaba jugando a que era peluquera ¿entiende? Pero
¡Claro! Ella egoísta comenzó a decir que si yo le quería malograr su muñeca,
que si era mala y no sé qué cosas más. Estábamos al pié de la escalera, ella de
espaldas al vacío forcejeando conmigo por la muñeca. Yo la jalaba del pelo y ella de las
piernas. No paraba de gritar,
alaraquienta ella como siempre: “¡Dame mi muñeca! ¡Dame mi muñeca!”... Así que
yo se la di. ¿Acaso fue mi culpa que
ella rodara las escaleras al yo soltar la estúpida muñeca? ¿Cómo podía yo saber
que se quedaría coja para siempre? Por último, la que salió perdiendo fui yo;
ella se convirtió en la favorita y yo en la bruja de la historia... cuando en
realidad la bruja... ¡Es ella!
Todo comenzó el día que murió la
Ercilia, la cocinera de la casa. Era de
la selva y había estado con mi familia desde los trece años.
Dicen que había matado con brujería a su padrastro; que el hombre vomitó
todas sus tripas. ¡Qué asco! ¿No? ¡Claro que él primero la violó! Osea que si
la historia esa era verdad, bien merecido se lo tenía el viejo por mañoso ¿No?
La cosa es que la familia del
hombre la quería quemar viva y su mami se la dio a mi abuelita, que no creía en
esas cosas pues pertenecía a las damas de la parroquia y a la congregación de adoradoras de la virgen
de las rosas; esa nueva que se aparece en Italia. Hasta el día de su muerte, mi abue iba todos
los años en peregrinación. ¡Ay! Pero le sigo contando.
Pues resulta que a mí la Ercilia
me tenía cólera. ¡Me – O – DI – A – BA! ¡Imagínese que siempre se las arreglaba
para que mi plato de comida oliera a
puf! Toda mi familia decía que me lo imaginaba, que si la Ercilia cocinaba
riquísismo, que si esto, que si el otro; pero la verdad es que MI plato olía a
puf. ¿Qué quiere que haga?...
La Ercilia ya estaba vieja, pero
mi mami no la botaba por respeto a la memoria de mi abuelita. Un día se enfermó más feo que de costumbre.
¡Estaba super malísisma! Esa misma noche
murió. Una hora antes mandó a llamar a la Fernanda. Cuando ella salió de su cuarto abrazaba una
urna de madera, más o menos grande. Dijo
que la Ercilia ya se había muerto, que murió tranquila, sin sufrir, que ella le
había cerrado los ojos... nunca quiso decir qué le contó la Ercilia antes de
morir, ni qué había en la urna. “Prometí guardar su secreto”, dijo y lloró como
una Magdalena. Yo por mi parte estaba
feliz de que mi plato ya no iba a oler más a puf. ¿Usted qué haría en mi lugar?
Yo estoy segura que el día de la
muerte de la Ercilia empezó todo, porque una semana después pasó... ¿No sabe lo
que pasó? Porque el otro doctor escribió páginas y páginas con lo que yo le
contaba. ¿No lo leyó? Bueno.
Osea, cómo le explico... Yo tenía
seis meses saliendo con Carlos Gerardo, el hijo del dueño del canal catorce.
¿Sabe? Desde el primer día él me pedía
la prueba de amor. Yo por supuesto me
hacía la de rogar ¡Imagínese! ¡Después me acuesto con él y luego no se casa
conmigo! La cosa es que a las dos
semanas al fin acepté. ¡Por que tampoco soy una cucufata! Pero, ¡claro! Cuando me pedía cosas
especiales yo me hacía la que no sabía de lo que estaba hablando. ¡ No vaya a
ser que me creyera una jugadora! ¡Una mujer decente tiene que darse su lugar!
¿No?
Una noche nos fuimos al luau del
Club Honolulú y de pronto... ¡Nada! ¡No recuerdo nada! Cuando me desperté
estaba con Carlos Gerardo en una de las
suites ultra X del motel “El beso de la mujer araña”. ¡Con masajeadores adosados
a la pared y espejos en el techo! ¡Yo nunca quise aceptarle que me llevara a
ese lugar!... Que dicho sea de paso, yo sólo conocía de nombre... no vaya usted
a pensar que yo ya había estado allí.
Bueno, le sigo contando. Yo estaba con una ropa interior horrorosa de
prosti. El sostén tenía huecos en los pezones y era de un
material plástico, que me irritaba todo.
Y lo peor, el eslip ¡Tenía cierre! ¡Y yo me había depilado todito!
El Carlos Gerardo estaba esposado a la cama y me
decía que ¡Guau! ¡Pensaba que eras una gatita y eres una tigresa! Y que ¡Y
dónde has aprendido a hacer la vaca toyada! Y que ¡Eres experta en hacerlo a la
tonkinesa! ¡Figúrese! ¡Con lo difícil que es hacer el amor parados!...
porque... así dicen que se hace ¿No?... yo en realidad no sé esas cochinadas...
Bueno, la cosa es que yo lo miraba
entre horrorizada y avergonzada. En ese
momento estaba convencida de que él me había pepeado. Estaba tan confundida y tenía tanto miedo que
sólo pude vestirme como sea y salir de allí lo más rápido que me lo permitían
las piernas. Al llegar a mi casa, me
encerré en mi cuarto y tomé una ducha.
No quise ni comer. Estaba
segurísima que él me había dado algo mezclado en mi trago. ¡No podía ser que no
recordase nada! ¡Nada!
En tus brazos soy flor que deshojas con tu
lengua. Escalo tu cumbre y bebo de tu
lava ardiente. Te esposo en nupcias
negras. ¿Cómo no gozar entre tus piernas? ¿Cómo no olvidar el tonto
mandamiento? Y te deseo hombre de mi prójimo.
Y te arranco de los brazos de mi hermana para atarte mejor con la eterna
alianza de mis cadenas.
Juego de espejos.
Te engañas. Tendrás su cuerpo,
pero en el fondo haces el amor con mi alma.
Soy una burbuja que lanzas al aire, que haces danzar
al son de la música de tu flauta mágica... y que terminas reventando de placer.
Carlos Gerardo nunca volvió a llamarme. Yo esperaba una disculpa de su parte, pues
como le repito nadie me quitaba de la cabeza que él me había pepeado... pero él
no quiso volver a verme. Una amiga me
contó que él le había dicho que yo le había hecho una perrada. ¿Se da cuenta? Yo estaba confundida... luego
entendí.
Ya había pasado un mes de eso y yo
seguía traumada, así que para relajarme me inscribí en clases de estrechin. El instructor era churrísimo. Se llamaba Piero. Yo primero pensé que era gay (imagínese, con
un trabajo así...) pero para nada...
Un día me invitó un helado, otro
me acompañó a casa... y la tercera vez. ¡Nada!
Esta vez me encontraba en una
suite del Caligula Palace, ese hotel al
que dicen que van todos los ministros con sus amantes ¿sabe?... ¿No sabe? En
realidad... yo tampoco sabía... hasta que me encontré allí.
Primero me asusté porque la cama
se movía y yo estaba medio dormida.
Luego, al despabilarme, sentí un aparatito con un botón en mi mano. Apreté el botón y la cama paró. Me levanté, a mi lado estaba Piero dormido
boca abajo, completamente calato y con el pompis todo grasoso, como si se
hubiese echado mantequilla... entonces
me vi... tenía una prótesis entre mis piernas, bien ajustada a mi cintura por
unas correas. La prótesis era inmensa.
¡Nunca había visto que un hombre la tuviese así!... aunque ¡claro! Yo no he
visto muchos hombres. Je, je...
La cosa es que en ese momento me
di cuenta de todo. ¡Yo había utilizado esa prótesis en el instructor de
estrechin!
Diario de Fernanda Graña de la Romaña.
Hombre-Hembra, gozo entre tus montes. Extraña
sensación de lucidez. Dominio de mí:
Dómina.
Y me abres hombre, buscas mi centro de gravedad y tu
lengua es ola que me lleva hacia alta mar y tu sexo hambriento me quema las
entrañas.
Y te abro hembra, te cabalgo yegua feroz. Te domino, me domino: Dómina.
Osea que al final el Piero si era gay... ¿Se da
cuenta? Al menos pateaba con las dos piernas. ¿No es cierto?
Salí de allí disparada, me tuve
que esconder para que el socio de mi papá no me vea. (Por cierto, estaba con
una rubia al pomo de lo más vulgar. ¡Y podía ser su nieta!) Pero lo que es yo, no recordaba nada. ¡Por supuesto que ni se me ocurrió asomarme
por el fitnes center! El me llamó
algunas veces, pero yo me negaba ¡Qué roche contestarle! ¿No?
Y de allí las cosas se pusieron
peor. Me despertaba al lado de gente que
ni siquiera conocía bien, vecinos, amigos de mis padres, todos mis primos, hasta
el nerd... que nunca pense que la tendría tan grande.
Tu pudor desnudo tiene la grandeza del obelisco, erguido.
Fiero. Duro. Trepo tus inconmesurables
laderas, te hundes en mi gruta estrecha y llegó a la cima. Fuerzas, dueles, haces gozar.
Un chico que dicen era muy
inteligente porque lo aceptaron en la Pacífico a pesar de no tener plata y para
colmo ser neg... digo “de color”.
El olor acre de tu piel nocturna me embriaga hasta
el delirio, mientras me empalas en un sagrado rito africano. ¡Qué oscura es la
luz de tu sonrisa!
¡Hasta con una lesbi! Que
estudiaba literatura en la Católica. ¡Como si a mí me interesara ser poetisa!
Devorar tu sexo de virgen abismal es como penetrar en mi
imagen del espejo. Bendita sea tu sabia mano
que se hunde en mi centro elevándome hacia las estrellas.
Lo que nunca entenderé es por qué siendo lesbi yo tenía la margarita
toda hinchada. ¡No me pude sentar bien por tres días!... Y que yo sepa no vi
ningún consolador al lado de la cama... Qué raro ¿No?
Bueno, osea que mi vida era un
infierno. Dormir me traumaba. ¡Tenía miedo de dónde iba a despertarme!
La última vez fue la peor... no se
imagina... ¡Me desperté en un hotel de mala muerte en la Victoria al lado de un
chofer de combi de la línea Cocharcas-José Leal!
Descender al infierno: Repulsión y placer.
Olor a orín, a grasa de carro, a cebolla macerada en
alcohol.
Disfrutas ensuciando ese pequeño cuerpo de muñeca de
porcelana. Devoras ávido, sin paladear,
ese plato que jamás volverás a llevar a tu boca. No te importa el placer ajeno, penetras, te
agitas, punto final.
Sin embargo gozo al descender el último escalón que
lleva hacia la degradación.
No sé cómo hice para salir de ese barrio
horroroso. Me daba asco yo misma. Cómo
pude caer tan bajo. Fui a casa decidida
a suicidarme... ¡Claro, que no iba a suicidarme sin clase! Así que me bañé (Creo que hasta con lejía,
para sacarme ese olor a gasolina diesel que tenía bien pegada a la piel) Me maquillé bien, me puse mi mejor vestido de
fiesta. (Uno de Donna Karán. ¿Sabe?) Y
luego me puse a pensar... dónde conseguir pastillas para matarme. Recordé que mi mamá tomaba algo para la
migraña. Fui al baño de mis padres... pero al parecer se las había tomado
todas. Entonces recordé que la Fernanda
tomaba unas pastillas que dice para que le quite el terrible dolor de espalda
que de cuando en cuando le da. (Sobre todo cuando quiere conseguir algo, la muy
chantajista)
Fui a su cuarto y empecé a buscar sus
pastillas, sin roche, me ponía a rebuscar botándolo todo. ¡Total! No importaba
si se daba cuenta pues yo ya iba a estar muerta... de pronto la vi. ¡La
urna! Estaría al borde del suicidio pero
igual me mataba la curiosidad.
Estaba cerrada y una vela negra
apagada se encontraba ante ella.
Y,claro, me acordé que la Ercilia era bruja. ¿Le habría enseñado sus
mañas a la Fernanda? Abrí las puertas de
la urna. ¿Y sabe lo que encontré? ¡Mi foto
de promoción bañada en sangre!
Detrás de la foto había dos cuadernos, los dos tenían la escritura de
Fernanda. En uno de ellos habían recetas
de brujería que seguro le dictó la Ercilia (porque ella era analfabeta.
¿Sabe?) Una página estaba marcada con
una pluma de pavo real; decía: “Hechizo para poseer el cuerpo del enemigo”. El otro cuaderno era el diario de Fernanda. Estaba escrito así, todo huachafo como ella
habla. ¡Pero bruta no soy! Así que me di cuenta
que lo que contaba era todo lo que me había pasado a mí. ¡Inclusive
había escrito los nombres de las personas! Allí fue cuando lo vi todo claro.
¡La Fernanda era una bruja y entraba en mi cuerpo para obligarme a hacer todas
esas cochinadas! ¡Por eso no recordaba nada! ¡Pues era ella, la muy morbis, la
que vivía todo a través de mi cuerpo!
En ese momento entró. “¡Qué haces
en mi cuarto! ¡No tienes derecho a tocar mis cosas!” Yo estaba tan atontada que
me dejé quitar los cuadernos; ella se acercó con su estúpida silla de ruedas a
la urna y sacó la foto. Todo lo metió en
un cajón de su cómoda. Entonces
reaccioné. Le dije que era una maldita
bruja, que les iba a acusar todo a mis papis, que me dé los cuadernos. Ella se puso a gritar y a llorar,
alaraquienta ella como siempre. Quise
sacar las pruebas del delito de su cómoda, pero ella me bloqueó el paso con su
silla de ruedas.
En lo que estaba samaqueandola para
que me deje libre el paso, entraron mis padres.
Yo les expliqué todo y ellos sólo se
miraban y miraban a Fernanda; me dijeron que me tranquilizara. Me di cuenta que no me creían y me puse a
gritarles que Fernanda había escondido las pruebas en el cajón de su
cómoda. No sé en qué momento vinieron
esos enfermeros que parecían los hermanos del increíble Hulk. Mi mami se puso a llorar, mi papi a decirme
que ya me pondría mejor, que a pesar de todo me quería y los enfermeros de King
Kong me agarraron fuerte y me inyectaron algo.
Cuando me desperté, estaba
amarrada en una cama de esta clínica.
Nadie me cree; usted tiene que creerme.
Debo salir de aquí y buscar las pruebas que la Fernanda ha escondido. ¿Me
entiende? ¡Usted es mi salvación!...
...Usted no entiende, no puedo
seguir un día más aquí. ¡Debo parar a Fernanda! ¡Está haciéndolo de nuevo!
¡Ayer me desperté en la cama del loquito del cuarto 36!...
...Osea que usted tampoco me
cree...
...Osea que piensas que estoy
loca...
...¡Deja de hablarme como a una
mongolita! ¿Qué te crees cholo estúpido? ¿Qué me puedes hablar como a una
tarada sólo porque tienes un título cagón de la universidad? ¡YO soy una Graña
de la Romaña! ¡Puedo hacer que te boten! ¡¿No entiendes español?! ¡¿No
entiendes que todo es culpa de la Fernanda?! ¡¿No entiendes que no estoy loca?!
¡NO ESTOY LOCA! ¡NO ESTOY LOCA!
¡Qué es esto!¿¡Por qué llamaste a
tus gorilas, maricón?! ¡No puedes sólo conmigo, ¿no?! ¡Suéltenme, cholos de
mierda; suéltenme! ¡Cómo se atreven a tocarme! ¡Soy una Graña de la Romaña!
¡Los voy a botar a todos! ¡No estoy locaaa! ¡¡NO ESTOY LOCAAA!!
HISTOIRA CLÍNICA Nº 369
guión SM
PACIENTE: Micaela Jimena
Gracia de los Milagros Graña de la Romaña Mac Donald.
Concuerdo con el primer
diagnóstico dado por el doctor José
Estupiñán Peña punto La paciente presenta un cuadro de trastorno de la
personalidad esquizotópica punto Los síntomas psicóticos que manifiesta parecen
ser debidos al fuerte sentimiento de culpa causado por el accidente de su
hermana punto Eso explica el delirio sistematizado que manifiesta contra ella
punto aparte
Corroborando el diagnóstico
del Doctor Estupiñán Peña es necesario que la paciente siga el tratamiento de
clozapina y olanzipina y desaconsejo su dada de alta hasta que muestre verdaderos
signos de recuperación coma debido a su estado que puede hacerla llegar a
grados de gran violencia punto final .