
Es difícil
encontrar una iglesia en estos tiempos. Desde que la última religión oficial
fue abolida en nombre de la laicidad, las iglesias pasan por una terrible
crisis. No es que las religiones estén prohibidas, pero al no tener el estado
obligaciones económicas con las iglesias existentes y al sentir las personas
que ya no hay ninguna presión social por pertenecer a un determinado grupo
religioso, cada vez hay menos creyentes y por ende menos dinero. Y si bien es
verdad que la paz aumentó
considerablemente en el mundo luego de esta medida, pienso que los creyentes
que aún quedamos tenemos derecho a reunirnos.
Por ejemplo, a pesar de las generosas
aportaciones de sus feligreses, mi iglesia solo pudo comprar un teatro
desafectado en la zona roja de la ciudad.
Considero un
ejercicio de mortificación ir todos los sábados a escuchar la palabra del
Señor. Por que soy una persona que siempre trata de ver el lado positivo de las
cosas. Ya me he acostumbrado a soportar las burlas de las mujerzuelas o las
miradas curiosas de sus clientes; sin embargo ese día fue particularmente
perturbador.
Primero pensé que había visto mal –
pues siempre trato de “no ver” a mi alrededor camino a la iglesia – así que
contrariamente a mi costumbre me fijé en esa mujer “desvestida” de rojo.
Efectivamente: no tenía rostro. Como lo digo, no tenía rostro. Su cara era
completamente lisa, sin ojos, nariz o boca, ni siquiera orificios en lugar de
ellos. No salía de mi asombro cuando vi a la segunda. Más adelante encontré a dos: un hombre y
una mujer. El pánico se apoderó de mí. ¿Qué demonios era eso? ¿Acaso una
terrible enfermedad? ¿Y si era contagiosa? El terror se acrecentó aún más al
tropezarme con otro ser cuya piel era horriblemente rosada, como el plástico
utilizado en las antiguas muñecas.
Llegué casi corriendo a la iglesia. En
el vestíbulo me encontré con unas feligresas que se retiraban. Les comenté el
asunto. Ellas también se habían cruzado con algunos de estos seres. Nadia sabía
de qué se trataba, pero las conjeturas eran que podía tratarse de un accidente
o de alguna enfermedad. La monaguilla nos escuchó
conversar y se rió.
-
Es el último grito de la moda entre las
gentes de los bajos fondos: hacerse una operación de cirugía plástica que les quite
los rasgos. No estoy segura si se trata de un nuevo concepto de belleza o de
una buena manera de no ser reconocidas al cometer sus fechorías.
-
¡Vaya! – Dijo una – Y como puedes estar
enterada tú de lo que sucede en los bajos fondos.
Todas miramos a la monaguilla esperando su respuesta. Ella volvió a reír, como
restándole importancia a la pérfida pregunta.
-
Hay que estar enteradas de todo, sino
¿Cómo luchar contra el pecado?
Todas volvimos el rostro
hacia la pérfida preguntona, pero ella sólo reaccionó sonrojándose y balbuceando
algo sobre la hora. Las demás remarcaron que también era tarde para ellas y se
retiraron.
Entré a la iglesia en
compañía de la monaguilla y me sentí aliviada al
estar rodeada por seres con rasgos normales. A veces es reconfortante saberse
normal.
Con el correr del tiempo el
no-rostro se volvió una verdadera moda. Se le comparó a lago llamado no-logo de
unos siglos atrás. Muchos personajes públicos se quitaban los rasgos por medio
de la cirugía. Algunos decía que se veía más elegante. “El minimalismo
llevado a su máxima expresión” lo calificó una revista femenina. Ya nadie
parecía recordar que esa moda empezó en los bajos fondos. Y yo empecé a
obsesionarme con el tema. ¿Cómo se inició todo? ¿Quién lo había hecho primero?
¿Con qué motivos? Mi instinto me decía que no eran puramente estéticos.
Decidí aprovechar mi posición
de periodista para hacer ciertas averiguaciones. Claro, no fue fácil acercarme
a hablar con los colegas de “Policiales”
-
¿No perteneces a la sección “Hogar”?
-
Sí, pero justamente mi columna se llama
“Alicia sabetodo”, así que debo saber todo, ¿no? –
Dije no muy convencida.
Por fin supe que detrás de
todo se encontraba el sexo. Al parecer se trataba de algún tipo de aberración
sexual, como el sado-masoquismo por ejemplo. Se
rumoraba que la gente que estaba metida en eso desde el principio se sentía
molesta por ser imitadas sin conocer y respetar la supuesta ideología
detrás. Uno de los de “policiales”
inclusive llegó a concertarme una cita con Rosa la “Bocaroja”,
prostituta que al parecer fue la primera en operarse.
Su apartamento quedaba, por
supuesto, en el barrio rojo, en una zona alejada de mi iglesia, lo que me hizo
sentir aún más insegura cuando el taxi me depositó frente al destartalado edificio.
Entré al cabaret que llevaba
su nombre. Debido a la hora no había muchos clientes. Pregunté por ella al
único camarero que poseía rasgos faciales y que por consiguiente podía
responderme. Me indicó que su apartamento se encontraba en la parte posterior
del cabaret y me mostró una sucia cortina detrás de la cual había un oscuro
pasadizo. Lo atravesé y llegué a la puerta.
La toqué tímidamente. Rosa la
Bocaroja en persona me abrió. En cuanto la vi, comprendí el porqué del nombre. Su boca pintada de un
vulgar tono de rojo era lo único que quedaba de su antiguo rostro.
Se mostró muy cortés al
contestar a mis preguntas. Me dijo que agradecía el que al fin un periodista se interesara en la verdad,
pues había mucha basura con respecto al no-rostro.
-
En primer lugar la operación. Yo me la
hice con mi misma piel. Tengo derma visión; es decir
que veo con mi piel. En cuanto a la nariz, también respiro por la piel. Es lo
mismo que sucede con la gente que se opera la boca: come a través de la piel.
Como la operación se ha vuelto popular, los cirujanos cobran cada vez más
dinero y la gente se hace operaciones más baratas con piel artificial, lo que
les da un falso color. Es horrible. Por otro lado, se ha convertido en una
moda, sin saber lo que hay realmente detrás.
-
Justamente. ¿Qué hay detrás?
-
Una fantasía sexual. La pérdida total
de identidad. Ya no eres una persona, por lo tanto puedes soportar cualquier
humillación. El que humilla se libera de la culpa pues no humilla a una
persona, humilla a un cuerpo que no pertenece a nadie. El que me compra sabe
que posee por el espacio de unas horas a un ser sin identidad, sin pasado ni
futuro, una no-persona hecha solo para el sexo.
Le manifesté mi desacuerdo.
Le dije que lo encontraba absurdo. ¿El hecho de no tener rostro borraba su
pasado? Y los clientes ¿Qué placer podían sentir al acariciar un cuerpo sin
rostro? ¿Acaso la humanidad no había elogiado durante siglos la belleza del
rostro humano?
-
¿Qué es la belleza sino un concepto
subjetivo? Entre las rollizas beldades del renacimiento hasta el culto a la
anorexia del siglo XXI hay un gran trecho. ¿Porqué no ha de encontrase una
cierta anónima belleza en mi rostro? El que me compra puede ponerme el rostro
que desee. Puede violar a su madre si quiere.
Te propongo algo. Dentro de algunos
minutos llegará un cliente. Detrás de ese espejo hay un estudio de grabación.
No te asombres, hay quienes gustan luego mirar lo que hicieron. Escóndete allí
y juzga por ti misma lo que este cliente viene a buscar.
Me sentía sucia al hacerlo,
pero lo hice. Contrariamente a lo que yo imaginaba, el cliente se veía normal.
Bien vestido, con accesorios de marca, fácilmente podía ser un empresario de
éxito, formando parte de clubes exclusivos y con una familia tradicional.
Al entrar ella ya se
encontraba echada en la cama, tumbada debería decir, inmóvil como una muñeca.
El se desvistió cuidadosamente, luego se acercó a ella y la miró con desprecio.
Para horror mío la escupió y empezó a insultarla. La tomó con violencia y la
volvió, ya de espaldas la penetró brutalmente y siguió insultándola. Yo
petrificada quería huir pero no podía. El espectáculo era obsceno, denigrante,
perturbador. El la obligó a tomar su miembro en su boca, su famosa boca roja.
Yo sentí nauseas y ella succionaba, succionaba, él introducía cada vez más su
miembro dentro de su boca y las venas de su frente se marcaban. Yo ya no podía
soportar más y ella se tragaba glotonamente
el líquido viscoso que él expulsaba en múltiples espasmos. Al terminar
todo, él se limpio, se vistió y salió de la habitación, no sin antes lanzar
indignamente al cuerpo de Rosa un gran fajo de billetes. Ella permaneció
inmóvil hasta que la puerta se cerró.
Yo seguía frente al espejo
cuando su voz me atacó.
-
Total, ya se acabó ¿Vas a salir al fin?
-
Es horrible. – Le dije. – Horrible y
humillante. ¿Cómo puedes dejar tratarte así por un puñado de dinero?
-
Creo que no entendiste bien. Poco me
importa la fantasía de este tipo. Esta es mi fantasía. Ser una no-persona me
libera de la culpa que la sociedad quiere hacerme sentir. ¿No comprendes? Es
por gente como tú que me he operado. Estaba harta de ser criticada, juzgada por
mis gustos sexuales. Mi familia, mis amigos del pasado ya no pueden decirme
nada, pues no saben quién soy. Quizá sea tu amiga del colegio, tu hermana.
¿Quién sabe? Quizá por eso acepté hablar contigo. Poco importa quién soy. No
tengo rostro y no tengo nombre. Todos los que iniciamos esto no tenemos nombre.
Nos hemos liberado, hemos perdido la identidad. Todos somos uno. Un solo no-ser
que puede disfrutar sin culpa de lo que gente como tú llama aberraciones.
Salí del cabaret agotada, me
parecía haber corrido una maratón. Mi cerebro estaba en ebullición. Muchas
ideas contradictorias se entrecruzaban. Siempre quise pertenecer a un grupo que
me diferenciara del resto. Debo confesar que eso fue lo que más me atrajo en un
principio de la iglesia. Yo al igual que todos – y eso durante siglos y siglos
– necesito sentirme especial, única y para eso trato de buscar “el grupo”
exclusivo. ¿No es absurdo? Nos vestimos siguiendo una moda que pretende ser
especial y ni siquiera parece molestarnos que todos se vistan igual. ¿Y que tal
si la verdadera libertad está en dejar de buscar cómo destacarnos del resto? No
existen grupos exclusivos, en cuanto nosotros, simples mortales, formamos parte
de él dejan de ser mágicos, misteriosos, para ser solo un triste intento más
del ser humano por sentirse especial. ¿Y qué tal si los no-seres tiene razón?
Si el hecho de no tener rostro te libera de seguir buscando a qué grupo
pertenecer. Que tal si ellos son realmente libres, sin presente, ni pasado, ni
futuro, sin necesidad de probarle al mundo que ellos también forman parte de la
elite. ¿Y cuánto costará la operación?