TEXTO
DE OTILIA NAVARRETE
Presentación
del libro “Humedad de las Orillas”. Noviembre de 2000. El Portal Barranco –
Perú
Desde el primer
día en que Ia conocí, hace ya de esto bastantes años, intuí que, tras su delgada
presencia, se escondía o mejor dicho, bullía, una mujer de temple, de aquellas
que no temen llamar a las cosas por su nombre, ni emprender audaces y un poco
locos proyectos.
Doy fe de no
haberme equivocado. Alguien por ahí recordará Ia revista Imaginarlo del Arte;
pues bien, esta Nastia que hoy día nos presenta su primer libro, fue aquella
voz que insistía, empecinadamente, en proseguir, contra viento y marea,
pariendo aquella revista.
Incansable,
empeñosa, trabajadora, fue ella quien muchas veces me alentó y casi me obligo,
cuando yo sentía que el barco ya hacia aguas. Recuerdo que en una de las
revistas, ella me acercó tímidamente, eso creía yo, un pequeño cuento.
¡Insólito pero
atractivo!, pensé yo y lo publiqué.
Vendrían
después largos años de cercanía en los que no lograba comprender plenamente a
Nastia.
A veces ausente
hasta el punto de tener que chasquear los dedos para hacerla volver, otras
punzante, polémica, desafiante, siempre defendiendo sus puntos de vista,
situándose en et punto desde el que ella vela con absoluta claridad, lo que
para otros nos era totalmente oscuro.
Y por esto y
muchas cosas más, no me extrañó en absoluto Ia lectura de su libro, como
tampoco me extrañó que ocupase un destacado lugar en aquel concurso reservado
solo para intrépidos.
No pretendo
hacer un análisis crítico de su obra. Dejo esta misión para los expertos en
disección literaria, pero si, debo reconocer Ia osadía de esta joven escritora
que libera a Ia palabra del pudor que pretende envolverla en papel de seda, y
nos Ia lanza ante nuestros ojos, así, como si no dijera nada.
¿De dónde saca Nastia sus historias?, se preguntarán
muchos. Va creo que esto es lo menos importante.
Una obra literaria
- pienso - es el producto de mil y un mundos, vividos o imaginados, que bullen
en el interior del escritor y que, en algún momento, explota hacia afuera,
hacia nosotros los lectores, moviendo resortes, haciendo vibrar nuestra
sensibilidad, cuestionando nuestro intelecto, obligándonos a cerrar por unos
instantes et libro, sentir Un pequeño escalofrío, para luego volver a abrirlo.
El animismo con
que invariablemente juega Nastia, recrea de una manera singular sus cuentos. La
música, Ia planta, Ia lapicera, cobran no solo vida, sino aparecen nutridas de
un peculiar erotismo. Nada escapa a Ia estrategia de sensualidad y sexualidad
por Ia que apuesta Ia autora. Y el humor y Ia ironía haciendo de las suyas,
casi en forma “inocente”, por llamarlas de alguna manera.
Nastia inaugura
con este libro, en nuestro medio, un camino literario, tortuoso y desenfadado
que, creo no equivocarme, levantará mucho polvo entre sus lectores.